Pasar horas frente al escritorio empuja los hombros hacia adelante y hacia adentro, y el cuello se dobla hacia abajo. Esa postura tensiona los músculos del pecho y restringe la respiración, porque comprime los pulmones.
Algo similar sucede con los glúteos y el abdomen, que se “desconectan” tras largos períodos sentados.
Cinco costumbres para compensar la rutina:
* Arrancar el día con movimiento. Unos minutos de estiramientos o una caminata corta mejoran el ánimo, la energía y la concentración
* Comer sentado, no de pie. Alejarse del escritorio a la hora del almuerzo activa el sistema nervioso parasimpático y ayuda a bajar la ansiedad acumulada.
* Simular un “viaje” al trabajo. Una vuelta a la manzana antes o después de la jornada funciona como límite simbólico entre la vida laboral y la personal, algo que en la oficina resolvía el propio traslado.
* Ejercitar las pantorrillas. Consideradas el “segundo corazón” por su rol en el bombeo de sangre hacia las piernas, es una rutina sencilla que puede hacerse sin moverse del escritorio.
* Buscar luz natural. Un estudio sobre trabajadores de oficina encontró que quienes tenían más luz natural dormían 37 minutos más por noche y rendían mejor en pruebas de pensamiento estratégico



