Científicos argentinos desarrollaron una proteína experimental para tratar las quemaduras químicas de la córnea

Un accidente doméstico puede dejar secuelas visuales para siempre. Un equipo ensayó en animales de laboratorio una terapia con resultados llamativos.
Salud07 de octubre de 2026RicardoRicardo

Una salpicadura de lavandina mientras se limpia el baño. Un poco de cal que vuela en plena obra. Alcanza un segundo de mala suerte para que un químico toque el ojo y deje una marca que, en los casos graves, puede acompañar toda la vida.

Ese escenario fue el punto de partida de un equipo de científicos argentinos que diseñó una proteína experimental para frenar las secuelas de las quemaduras químicas de la córnea. Una aclaración clave antes de seguir: por ahora, la terapia se probó en animales de laboratorio, no en personas.

Aun así, los resultados entusiasman. En los ojos tratados no aparecieron vasos sanguíneos en las capas más hondas de la córnea, algo que sí ocurrió en todos los ojos sin tratamiento.

Una ventana que tiene que quedar limpia

La córnea es la capa transparente que cubre la parte delantera del ojo. Funciona como el vidrio de una ventana: para que la luz pase sin obstáculos tiene que estar despejada y, a diferencia de casi todo el cuerpo, no lleva vasos sanguíneos.

Cuando sufre una quemadura química, ese equilibrio se desarma. El tejido se inflama, se enturbia y empiezan a brotar vasos donde no deberían estar.

“El crecimiento de vasos sanguíneos dentro de la córnea altera su transparencia natural y favorece procesos inflamatorios crónicos que pueden comprometer seriamente la visión”, explicaron los autores del trabajo, encabezado por el argentino Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT) de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y del CONICET.

Esa invasión, además, complica el panorama a futuro: según el equipo, eleva el riesgo de que fracase un eventual trasplante de córnea.

Seis de seis contra cero

La prueba se hizo sobre un modelo de lesión severa. A los siete días, el contraste fue rotundo:

  • En el grupo sin tratamiento, los 6 ojos analizados tenían vasos en la capa media de la córnea, y 3 de esos 6 también en la profunda.
  • Entre los tratados con la proteína, no se detectó un solo vaso en ninguna de esas dos capas.
  • La superficie invadida por vasos fue significativamente menor que en el grupo control.
  • Las córneas tratadas lucieron menos opacas y conservaron mejor su transparencia.

Los análisis también mostraron una baja en varias sustancias que el organismo libera cuando hay inflamación o cuando “fabrica” vasos nuevos, entre ellas TNF-α, IL-17 y VEGF.

Los resultados se publicaron en la revista científica International Journal of Molecular Sciences. El interés que despertó el trabajo derivó, además, en un artículo de revisión sobre el tema en el Journal of Translational Medicine.

Un escudo que se queda más tiempo

¿Cómo funciona? La proteína combina dos piezas. Una es SLPI, una molécula con capacidad antiinflamatoria. La otra, llamada cementoin, oficia de ancla para que la terapia permanezca más tiempo adherida al tejido lastimado y no se diluya enseguida.

El grupo viene remando en esta línea desde hace años: en 2015 ya había publicado un primer ensayo con una versión de esta proteína en ratas, con resultados alentadores sobre la inflamación y los vasos en la córnea.

En la investigación participaron Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski y Gustavo Ortiz, del IIMT (Universidad Austral–CONICET); Paulo Maffia, del CONICET; y Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan, del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CONICET–UBA).

Por ahora, conviene no adelantarse. El propio equipo remarca que el trabajo sigue en etapa preclínica y que harán falta nuevos estudios antes de pensar en una aplicación en pacientes.