El interrogante fue planteado por el experto en mercados Javier Timerman, quien recordó que distintas crisis financieras internacionales, desde la caída del fondo Long-Term Capital Management hasta el colapso de Lehman Brothers y la crisis bancaria europea, tuvieron su origen en operaciones entre privados, pero terminaron requiriendo algún tipo de intervención pública para evitar consecuencias sistémicas.
El punto es especialmente relevante para la Argentina. Y es que según Econviews, en base a datos del BCRA, el 12,8% de los préstamos bancarios otorgados a las familias y el 29% del financiamiento no bancario están en mora. En total, alrededor de seis millones de personas atraviesan esa situación.
La consultora considera que el problema ya adquirió una dimensión macroeconómica porque no se limita a las pérdidas que puedan afrontar bancos, fintechs o billeteras. Cuando millones de hogares deben destinar una proporción creciente de sus ingresos al pago de deudas, o directamente dejan de pagarlas, también reducen su consumo.
La caída de la demanda debilita la actividad, deteriora los ingresos y puede retroalimentar la morosidad. Por lo tanto, el problema todavía no amenaza la solvencia bancaria, pero ya condiciona la recuperación económica.
Cuándo una crisis privada se vuelve sistémica
Para Gustavo Gardey, especialista en Mercado de Capitales y cofundador de Bull Road Investments, en charla con iProfesional, la frontera aparece cuando una crisis comienza a afectar transversalmente al sistema financiero, rompe la cadena de pagos y amenaza el funcionamiento de la economía real.
"Una crisis entre privados deja de ser un problema solamente del mercado y pasa a ser un problema en el que debe intervenir el Estado cuando es sistémica, genera una ruptura en la cadena de pagos y un colapso de la actividad económica", explica el experto.
El punto más delicado aparece cuando el deterioro rompe la confianza de los depositantes. Los bancos funcionan con un sistema de encajes fraccionarios: conservan líquida solo una parte del dinero depositado y prestan el resto. El mecanismo es sostenible mientras los ahorristas confíen en que podrán retirar sus fondos cuando los necesiten.
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"Cuando se genera una corrida bancaria sistémica, se quiebra la confianza en el sistema financiero y todo el mundo sale a buscar sus depósitos. Como los bancos no tienen la totalidad de esos depósitos disponible, eso genera pánico", señala Gardey.
Federico Glustein, economista, amplía esa definición. A su juicio, estas crisis no deberían analizarse únicamente como conflictos entre empresas, bancos o personas, sino como episodios que comprometen el funcionamiento del sistema económico en su conjunto.
"Deja de ser un problema del mercado cuando la resolución requiere de un jugador más grande, el Estado, que pueda intermediar o rescatar a los actores involucrados para evitar un colapso", explica.






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